MOSAICOS de IDENTIDAD
Arteterapia en procesos de violencia de género
“Cuando las palabras son insuficientes, la imagen se convierte en un lugar donde lo indecible puede habitar.”
Shaun McNiff
En el trabajo con violencia de género hay algo que se repite de forma persistente: lo que ha sido dañado no es solo el cuerpo ni la historia personal, sino la posibilidad de sentirse autora de la propia vida. La violencia deja marcas visibles e invisibles, pero, sobre todo, instala una fractura profunda en la relación con una misma: con la propia voz, con el deseo y con la capacidad de imaginar futuro.Muchas de estas vivencias no encuentran palabras.
No porque no existan, sino porque el trauma habita capas más profundas que el lenguaje verbal. En ese territorio, el arte se convierte en un lenguaje imprescindible: un espacio donde lo que duele puede tomar forma, donde la herida puede transformarse en gesto creativo y donde la identidad puede empezar a reconstruirse.
La violencia de género no solo hiere a la persona: altera el cuerpo simbólico, el imaginario y la narrativa interna que sostiene la identidad.
Muchas mujeres llegan a los procesos terapéuticos con estructuras defensivas construidas para sobrevivir: desconexión del cuerpo, fragmentación emocional, baja autoestima y pérdida de referencias internas.
Acompañarlas significa sostener un espacio donde puedan —a su propio ritmo— desmontar lo que les permitió sobrevivir y reconstruir lo que verdaderamente les pertenece.
La identidad como mosaico
La identidad no es una pieza única.
Es un conjunto de fragmentos: vivencias, emociones, memorias, deseos, cuerpos atravesados por la historia. Cada mujer es un autorretrato compuesto de retazos que, al integrarse, crean una imagen única e irrepetible.
Como señala Bessel van der Kolk: “La integración ocurre cuando las partes fragmentadas de la experiencia encuentran una forma de volver a unirse.”
Desde esta comprensión nace el proyecto DONA i ART, un proceso de Arteterapia Transdisciplinaria dirigido a mujeres que han vivido violencia de género, activo desde 2019 en Lleida. En este proyecto, las artes y el cuerpo se vuelven protagonistas desde la ternura y la creatividad.
A través de distintos módulos se ofrece un espacio donde la expresión emocional encuentra un canal sin necesidad de forzar la palabra. Además, muchas mujeres no dominan plenamente el castellano, y en ocasiones lo verbal puede convertirse en un obstáculo por razones muy diversas. Las participantes pueden abrirse a su propia sabiduría interna, posibilitando cambios reales y caminos de transformación del trauma.
Durante los talleres, un tema que surge a menudo es un deseo lejano y profundo: volver a ser las mujeres que eran antes; es decir, llenas de vitalidad, divertidas, con ideas y confianza.
Para quienes se acercan por primera vez, parece imposible imaginar que puedan volver a estar bien, incluso mejor que antes.
Sin embargo, a veces hay mujeres en el grupo que llevan ya algunos años de trabajo conmigo y se convierten en faro para las demás. Ellas cuentan que cuando llegaron estaban cerradas, que algunas ni siquiera pudieron terminar el curso, pero que volvieron… y cada vez iba mejor… cada vez podían dar ternura a aquella herida que se abría dentro.
Ellas explican que nunca se olvida lo vivido; aun así, es posible volver a crear una vida llena de significado y dignidad.
La violencia de género suele vivirse en soledad, confusión y silenciamiento. El relato no aparece como una historia ordenada, sino como fragmentos: sensaciones corporales, imágenes sueltas, emociones sin nombre. Intentar “explicar” demasiado pronto puede reactivar el dolor, el bloqueo e incluso la culpa, esa voz interna que susurra que quizá fue responsabilidad propia.
En arteterapia creamos un espacio donde el cuerpo, el gesto, la forma y la imagen pueden hablar primero, sin juicios. Modelar, dibujar, construir o destruir permite externalizar lo vivido sin tener que exponerse directamente a la herida. La obra se convierte en un puente: algo que está fuera de la persona, pero que la representa. Desde ahí puede comenzar un proceso de re-significación, de recuperación y de re-escritura de la propia historia.
Cuando el trauma se expresa simbólicamente:
– la imagen se convierte en escenario seguro,
– el cuerpo encuentra un lugar donde reconocerse,
– la creatividad abre vías profundas de reorganización psíquica.
El arteterapia se convierte así en motor y vehículo de un trabajo simbólico que permite encontrarse con la propia historia sin quedar atrapada en ella.
Recuperar el territorio interno
Uno de los efectos más devastadores de la violencia de género es la pérdida de límites internos y externos. El “yo” queda invadido, fragmentado o desdibujado, y se pierde la sacralidad del cuerpo.
En el proyecto arteterapéutico he trabajado en dar espacio y voz al mapa corporal y al paisaje que habita dentro de la piel, en sus propios confines. Cuando una persona elige materiales, decide tamaños, colores o formas, está practicando algo esencial: elegir. Volver a tomar decisiones en un espacio seguro es un acto profundamente reparador. No se trata de hacer algo “bonito” o “correcto”, sino de recuperar el derecho a existir y a ocupar espacio.
Uno de los ejes de trabajo son las siluetas como mapas corporales, donde ellas pueden hablar a través de lo simbólico y dejar ver, si lo necesitan, la violencia, las emociones y las experiencias vividas.
Las imágenes que emergen suelen contener tanto el dolor como la fuerza: cuerpos fragmentados, cicatrices, emociones, pero también símbolos de protección, refugio y transformación. Cada imagen es una puerta que permite acercarse a la experiencia sin invadirla, y dar importancia a todo el mundo interno que cada una sostiene, así como a los recursos presentes.
La fuerza del grupo: volver a pertenecer
La violencia de género no solo rompe a la persona por dentro; también destruye sus redes. El agresor suele operar creando aislamiento, dejando a la mujer sin espejo, sin apoyo y sin comunidad.
Por eso, en Dona i Art el trabajo es tanto individual como grupal. Las sesiones están pensadas como un espacio donde cada mujer puede entrar en relación, ser vista y sostenida por otras que han atravesado experiencias similares.
En el grupo ocurre algo fundamental: se reconstituye el sentimiento de pertenencia.
A través de la creación compartida, del silencio compartido y de la mirada mutua, las mujeres comienzan a reconocerse como parte de una comunidad viva.
El grupo no borra la herida, pero crea un campo relacional donde la identidad puede volver a expandirse.
“El grupo es un microcosmos social donde la persona puede volver a aprender a relacionarse y a pertenecer.”
Irvin D. Yalom
Arte que rompe el silencio: la exposición
La exposición “Arte que rompe el silencio” ha recogido el trabajo realizado en el proyecto Dona i Art del 2024 y 2025.
En estos procesos vemos cómo lo innombrable comienza a tomar forma a través de la metáfora, la imagen, el color y la materia.
El arte se convierte en un espacio seguro donde:
- el trauma puede representarse sin desbordar,
- el cuerpo encuentra un lugar donde reconocerse,
- la creatividad abre vías reales de reorganización psíquica.
La exposición se ha basado en tres ejes:
Obras de barro acompañadas de textos poéticos que representan su amuleto para avanzar… aquello que tal vez les faltó o que, en cambio, quieren darle forma para sentirlo más cerca, más tangible.
Autorretratos en collage, verdaderos mosaicos de identidad donde cada participante explica los recortes que forman su vida. El trabajo empieza desde la mirada de cada una y luego se compone a través de los recortes.
Siluetas–territorios, que invitan a entrar en relación con cada historia.
Y por último El Árbol, obra colectiva donde el público puede escribir lo que la exposición le ha despertado, devolviendo así algo de lo recibido a las artistas.
Una invitación a profundizar: Masterclass en IATBA
27 de febrero 2026
Este artículo es solo una puerta de entrada a un campo amplio y necesario. En la próxima masterclass en IATBA profundizaremos en el trabajo arteterapéutico con violencia de género, abordando:
- el proyecto arteterapéutico
- el trabajo con imágenes traumáticas
- la regulación emocional
- el rol del arteterapeuta en estos procesos
Acompañar a personas que han vivido violencia de género es acompañar un proceso de reconstrucción profunda. El arteterapia no borra lo ocurrido, pero abre caminos para que la vida vuelva a circular.
Como decía Rumi: “Donde hay ruinas, hay tesoros de esperanza.”Que este trabajo sea precisamente eso: un lugar donde las ruinas se transformen en belleza, donde cada fragmento de la experiencia pueda integrarse en un mosaico de sentido, donde la creatividad despierta, el silencio deja de ser destino, y la vida vuelve a tejerse con fuerza, ternura y significado.
BIOGRAFÍA
María Letizia Cipriani
Arteterapeuta y docente en IATBA, con más de 15 años de experiencia en el acompañamiento a personas en situaciones de vulnerabilidad, violencia y trauma.
Ha desarrollado su labor en contextos socio-sanitarios, comunitarios y en el ámbito oncológico, trabajando especialmente con colectivos interculturales.
Desde 2019 coordina el proyecto Dona i Art · Mirades, y en 2022 recibió el Premio Meninas del Gobierno de España por su trabajo en el acompañamiento frente a la violencia de género.