NARRAR MIS MUNDOS

LABORATORIO DE ESCRITURA EXPRESIVA

 

 

Utilizamos a diario la palabra. Leemos, escribimos, pensamos, decimos, oímos palabras. Están siempre presentes en el devenir cotidiano para dar forma a ideas, vivencias y sentires. Todas ellas dotadas del poder evocador que despierta en nuestro interior una determinada imagen del mundo.

“Los hechos son, de lo-que-ocurre, lo que decimos percibir entre todos.

Con ello se crea el sentido. Lo demás pasa desapercibido.

A veces algo que no es percibido usualmente ocurre para alguien.

Si lo menciona y lo mencionado cobra, en su forma, interés para los demás,

puede llegar a convertirse en un hecho”.

Chantal Maillard

Aquello que nombramos, es aquello que reconocemos formar parte de nuestra realidad. Al poner nombre, damos forma e incorporamos las cosas a nuestro universo comprensivo. La forma en que nombramos el mundo es la forma en que lo vemos, lo hacemos propio y estamos en él. La palabra no sólo expresa la realidad, sino que también la crea. Es a través del lenguaje que delimitamos nuestra existencia, señalando aquello que está adentro de sus fronteras y aquello innombrado que mantenemos fuera. La manera propia, personal y subjetiva que tenemos de nombrar el mundo nos configura de manera única y se manifiesta en el cuerpo a través de nuestra red sináptica particular. La palabra está viva en nosotros, circula en el cuerpo y se mueve, abandona su condición abstracta para tomar tierra y ser. Así que la palabra no es sólo un signo, es materia viva capaz de convertirse en arte, en vivencia estética.

El proceso creativo a través de la palabra es antropológico, la inquietud por narrar, de forma oral o escrita, está presente en las culturas humanas de la mano de las demás formas de expresión artística. La narrativa quizá sea una necesidad básica humana, a la que se da respuesta no sólo en la literatura, sino en el acto íntimo de escribir y contar, en el uso cotidiano de la palabra.

“Apresúrate, ¡escribe! Algo golpea, algo cruje: ¡escribe!”

Chantal Maillard

El laboratorio de escritura expresiva es un espacio para la palabra, esa que está viva y crea realidad. Un espacio para la escritura, como proceso humano de expresión artística, como herramienta para la construcción de la vida como obra de arte.

“Narrar mis mundos” nace desde el enfoque del arteterapia transdisciplinaria y ofrece una oportunidad de profundizar en el uso de la escritura como herramienta expresiva de exploración personal, y en el potencial de la vivencia subjetiva como material para la creación artística. El laboratorio se desarrolla sobre diferentes temáticas en cada una de sus fases: el cuerpo y el mundo interior; la memoria y el mundo de las despedidas; renacimiento y deseo, el mundo que construyo. Los temas se trabajan de forma vivencial para conectar con la creación a partir de la palabra. Se abre un espacio para que cada participante despliegue su narrativa, que será abordada de forma grupal a través del diálogo con la obra, utilizando diferentes modalidades expresivas. De esta manera, se favorece un diálogo entre la escritura y otros lenguajes artísticos multiplicando el potencial de la narración y también la mirada sobre nosotros mismos.

“El hecho de haber vivido algo, sea lo que sea, da el derecho imprescriptible

de escribir sobre ello. No existe una verdad inferior.”

Annie Ernaux

Permitir que las palabras emerjan, y recibirlas desde un espacio estético de bienestar y cuidado abre una comunicación transformadora, que nos acerca a una mayor conciencia de nuestro estar en el mundo y de nuestra capacidad de ser protagonistas de la existencia, de construirnos como personas. En el proceso creativo surgen nuevas miradas, otras realidades se hacen visibles.

“Narrar equivale a distanciar, a dar perspectiva y sentido”

Piedad Bonnett

“La escritura abre y cauteriza al mismo tiempo las heridas. (…)

Sueño a veces con una escritura que me hunda y me eleve, que me enferme y me cure,

que me mate y me dé la vida

Juan José Millás

Se trata de dar voz a nuestra manera personal de nombrar el mundo y a nosotros mismos, encontrarnos en nuestro propio lenguaje y apropiárnoslo, darle vida para que también crezca y evolucione, para seguir generando nuevas narrativas donde reconocernos.

Esther Pardo

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